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27 de junio del 2016 a las 14:51 -
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La recopilación de documentos fue iniciada por René Boretto hace 30 años

La historia que nos llevó a ser patrimonio
La recopilación de documentos fue iniciada por René Boretto hace 30 años

La inversión alemana después propiedad inglesa, posibilitó que el saladero Liebigs primero y el Anglo después, crearan durante un siglo y medio productos alimenticios de vanguardia para el mundo entero.  En 1863 el ingeniero alemán Georg Giebert eligió este rincón, con profundo puerto natural sobre el río Uruguay, para comenzar a desarrollar el aprovechamiento industrial del extracto de carne inventado por el químico Justus von Liebig, padre de la química orgánica.

En ese momento se inició una carrera de algo más de 130 años que puso en órbita planetaria la marca Fray Bentos, que lucía en las latas del extracto de carne y en el afamado corned beef con que se alimentaba a las tropas de los ejércitos en innumerables conflictos bélicos, destacándose por sus dimensiones la primera y segunda guerras mundiales. El extracto fraybentino ocupó lugares preponderantes en trascendentes momentos de la historia contemporánea occidental. Hay quienes otorgan al éxito del producto, una influencia en los cambios socioculturales de alimentación.

Ese amargo concentrado, donde en un kilogramo del producto industrial, quedaban resumidos 32 kilos de pura pulpa de las vacas uruguayas, sirvió de primer alimento a los astronautas de Jules Verne, en su novela Au detour de la lune.

El concentrado tampoco dejó de demostrar su valía alimenticia y su fama al estar en todas las vituallas de los expedicionarios que dieron a conocer al mundo recónditos lugares de África Central, Groenlandia y hasta el mismo Polo Sur.

El historiador René Boretto cuenta también que "Stanley lo utilizó en las selvas centroafricanas cuando fue a rescatar a Livingstone y que hasta John William Alcock y Arthur Whitten Brown lo consumieron durante el primer vuelo trasatlántico sin escalas (1919).

Posteriormente la esencia de la carne vacuna, con sus fibrinas y sustancias básicas, fue puesta en una máquina de origen suizo para hacer cubos de caldo: de esa forma los cubitos "OXO" habían nacido y se transformaron en un producto de consumo popular.

Las latas OXO (marca que aún hoy existe) resultaron infaltables y acaso imprescindibles en todos los hogares.

Llegado el amargo momento de la Primera Guerra Mundial, la empresa Liebigs dijo haber aportado 100 millones de cubos de caldo de carne para la alimentación de los soldados.

Eran enviados a las trincheras con un inteligente sistema de calentamiento con carbón que producía fuego pero no humo, con lo que el soldado en las trincheras tenía su caldo de carne caliente al instante.

Las guerras.

Los soldados neozelandeses decían que para referirse a algo que estaba "muy bien" lo catalogaban como "fribentos". El corned beef "Fray Bentos", cuya marca se oficializó ya en 1899, también generó un impacto emocional en los consumidores.

Cuando en 1917, el tanque F41 de los británicos, tuvo que llevar un sobrenombre, la tripulación de 9 soldados, no dudó en llamarle "Fray Bentos" porque se "sentían como carne enlatada de la que comemos todos los días" cuenta Boretto en sus diferentes publicaciones a lo largo de tres décadas.

"Lo mejor que pudo haberme pasado —escribe un veterano de la Primera Guerra— fue, primero, que no me mataran y segundo, haber tenido cada día esos maravillosos caldos Liebig en la trinchera". De acuerdo a la recopilación de Boretto, hay otras personas que consideran a Fray Bentos como un recuerdo entre amargo y dulce de las épocas de la guerra.

"Un embajador británico en Uruguay nos contaba una experiencia familiar en épocas de racionamiento en Londres: "Abrir una lata de corned beef Fray Bentos era una verdadera ceremonia, como la del té para los japoneses. Hasta que no estábamos todos sentados a la mesa, no se abría la lata. Y vaya si nos costaba hacerlo, porque era como romper un encanto mágico".

 



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