Estudiantes de UTEC Paysandú diseñaron un vaso comestible

Una de ellas es oriunda de Nuevo Berlín

Juliana Miranda y la joven berlinense Camila Cheveste, estudiantes de último año de la Licenciatura en Análisis Alimentario que se dicta en UTEC sede Paysandú, desarrollaron un vaso comestible y biodegradable capaz de contener líquidos fríos y calientes sin perder su estructura.
El proyecto se enmarca en la tesis final de orientación emprendedora de la carrera y apunta a ofrecer una alternativa sostenible frente al uso masivo de envases descartables.
En diálogo con EL TELEGRAFO, explicaron que la iniciativa surgió a partir de una consigna académica vinculada al desarrollo de envases compostables, pero rápidamente decidieron ir un paso más allá. “Elegimos darle un valor agregado y que el cliente pueda decir: lo puedo consumir también”, explicó Cheveste, al señalar que la posibilidad de comer el envase o desecharlo sin impacto ambiental amplía las opciones del consumidor.
DE LA BÚSQUEDA BIBLIOGRÁFICA AL PROTOTIPO
El trabajo comenzó con una etapa de investigación y prueba de materiales, ya que si bien existen experiencias similares en otros países, no hay fórmulas disponibles para replicar esos desarrollos.
“Existían envases comestibles, pero hechos con otros materiales, y nosotras teníamos la libertad de elegir según nuestro enfoque”, señaló Miranda.
Tras varios ensayos, ajustes de proporciones y cambios de procesos, dieron con una combinación a base de harina de arroz y otros almidones naturales, que permitió resolver uno de los mayores desafíos: evitar la migración del líquido.
“Lo que más nos importaba era que el líquido no migrara y que soportara temperaturas tanto frías como calientes”, indicó Miranda, quien destacó que todos los ingredientes utilizados son de origen natural y cumplen una función estructural.
APTO PARA VEGANOS Y SIN GLUTEN
La eliminación de la harina de trigo no solo mejoró el desempeño del vaso, sino que también amplió su potencial público. El producto no contiene derivados de trigo, avena, cebada ni centeno, ni ingredientes de origen animal, por lo que es apto para personas veganas y celíacas. No obstante, las estudiantes aclararon que aún no pueden rotularlo como libre de gluten, ya que la cocina donde se elaboró no está certificada para ese fin.
TEXTURA, APARIENCIA Y SEGURIDAD ALIMENTARIA
Uno de los principales retos fue lograr un equilibrio entre resistencia y textura. “Al inicio nos quedaba muy rígido y queríamos algo que pudiera contener líquido, pero que también se pudiera morder”, explicó Miranda. A esto se sumó la necesidad de que el producto resultara visualmente atractivo y seguro desde el punto de vista bromatológico.
El desarrollo se realizó en la cocina comunitaria y emprendedora de UTEC, habilitada bromatológicamente y equipada para aplicar buenas prácticas de manufactura. Cheveste detalló que se trabajó con fichas técnicas de cada ingrediente y con el Reglamento Bromatológico Nacional, además de aplicar controles de temperatura que reducen el riesgo microbiológico.
UN PROCESO DE MÁS DE UN AÑO
Desde las primeras búsquedas hasta la obtención del prototipo final, el trabajo insumió más de un año. “Empezamos en noviembre-diciembre de 2024 organizándonos”, puntualizaron, explicando que debían definir el enfoque y también “hicimos alguna encuesta para saber si el público se animaba a consumirlo”. Las consultas permitieron definir, entre otros aspectos, que el vaso tuviera un sabor neutro.
Actualmente, el envase tiene una capacidad aproximada de 150 mililitros, una textura crujiente similar a un cucurucho más grueso y un color natural producto del horneado. Puede contener bebidas calientes durante más de 30 minutos y, en caso de no consumirse, se degrada en alrededor de tres meses.
PROYECCIÓN AMBIENTAL
Las estudiantes consideran que, a escala, el impacto ambiental podría ser significativo. “Pensábamos en la cantidad de vasos de plástico que quedan tirados en fiestas o eventos y que tardan miles de años en degradarse”, expresó Miranda. En ese sentido, el proyecto abre la puerta a desarrollar otros recipientes comestibles y biodegradables que contribuyan a reducir residuos y promover nuevas formas de consumo responsable. Fuente: El Telégrafo.-

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